domingo, 14 de septiembre de 2008

Libre

Me ausenté una vez, dos, seis y quince.
Las cosas no cambiaban demasiado, el curso de nuestra historia siempre era el mismo. Mis silencios se repetían, a esta altura ya no busco nada, no hay estrategia. Hace tiempo que mis silencios se han transformado en una rutina enferma donde ella especula y yo simplemente lo dejo fluir...

Con el ausente número dieciséis me quedé libre, las faltas no estaban justificadas y la reincorporación no se hacía presente. Sabía que esto iba a pasar, pero no lo buscaba, no quería que termine, no ahora, no de esta forma.

Nos vimos el primero de septiembre, era lunes.
Me fui de su casa con una rara sensación, esta vez teníamos tiempo para estar juntos, pero me fui temprano, el reloj no me corría, podría haberme quedado más tiempo, pero no quise. Creo que no la pasé bien, ella estaba rara, algo le pasaba, no sabía qué era, no pregunté.
Esa misma noche me preguntó si la había pasado bien, respondí el primer mensaje, le dije que si, que la había pasado muy bien. No me creyó. Ella nunca me cree y yo no lo percibo. A veces creo que es ingenua y un poco boluda, así la trato sin querer y no puedo ver que en realidad el boludo acá soy yo.
Volvió a escribirme con la explicación de lo que le había pasado esa tarde, yo me hice el interesado pero ella volvió a escribirme y ya no contesté. No volvió a escribir.

El martes no tuve noticias suyas, el ciclo de ausencias y silencios comenzaba una vez más, o eso creí hasta el miércoles que me escribió preguntándome alguna tontería, le contesté y ella escribió una vez más. Di por terminada la conversación con un silencio y lo entendió, no recibí más mensajes hasta el viernes, parece que su máximo de tolerancia últimamente es de dos días, pero esta vez no respondo, estoy cansado. Ahora sí, una vez más comienza el círculo vicioso.

Todo transcurrió de acuerdo a lo esperado, yo no recibí noticias de ella y respiré tranquilo mientras ella empezó a desmoronarse. El proceso mental de paranoia, confusión, optimismo, pesimismo y angustia se repite otra vez en ella.

Ocho días pasaron desde la última vez que me escribió.
El sábado trece de septiembre, algo pasó. No se bien qué fue. Ella estaba estudiando, o al menos eso intentaba, yo estaba de viaje, no estaba en Buenos Aires, pensaba en escribirle un mensaje, pero no en ese momento, quizás al día siguiente o el lunes, tampoco es que me moría de ganas de escribirle.
Ella leía a Descartes, lo leía pero no lo entendía, no le prestaba atención, estaba dispersa, algo le inquietaba, pensaba en mi, estoy seguro, no se qué pensaba pero estoy seguro de que no podía sacarme de su cabeza.
Agarra el celular. No tiene mensajes. Da vueltas, piensa, lee el libro, lee el celular, borra todos los mensajes míos que tenía en su celular, incluso aquellos viejos en los que le decía que la quería y se dispone a escribirme...

El sábado 13 de septiembre a las 15:05 recibí un mensaje: "Me enamoré de vos y hasta acá llegué, hasta acá llegamos, esto se corta acá"
Después de mandarme el mensaje se fue a bañar, salió del baño y se dirigió hacia el celular, yo no había respondido y mi silencio provocaba en ella la agonía que deja la incertidumbre.
Ése fue mi último ausente. Me quedé libre.
Neutral

3 comentarios:

julieta eme dijo...

ay, neutral, que se quede libre para siempre. ya fue. ya re fue.

te mando un beso.

Anónimo dijo...

Coincido con Julii.

Ella se queda libre, no él.
Ella estaba "atada" a un tipo que le ofrecía nada..

Me parece bien su actitud, hubiera actuado como ella.

Besotes!

Gaby

neutral dijo...

Me gusta que mi relato genere bronca, compasión, lástima, o lo que sea.
Les mando un beso!