miércoles, 29 de abril de 2009

Acerca de los deseos y la tendencia a llevar una vida normal

Solía ser una nena que amaba, que sentía, que deseaba, que hacía y deshacía a gusto y piacere, pedía con insistencia lo que quería hasta conseguirlo y a medida que iba creciendo dejé de pedir para alcanzar, con mis propios medios, todo lo que deseaba. El tiempo pasó y fui consiguiendo, de a poco y con esfuerzo, todo aquello que buscaba. Mi último deseo fue independencia, libertad, autonomía. Recuerdo que estaba lejos, que tenía dieciséis años cuando comencé a desear no depender más de nadie. Creía que la libertad estaba en irme a vivir sola, que allí estaba el máximo de felicidad que podía alcanzar.

Busqué trabajo, estabilidad económica y emocional, luego una garantía y finalmente un hogar, todo eso me llevó varios años y hoy puedo decir que soy libre...

¿Puedo decir que soy libre? Sí, claro que puedo! Pero… ¿soy libre realmente? ¿Libre de qué? ¿Libre de quién? Hasta dónde soy libre si no puedo elegir hacer lo que quiero y dejar de hacer lo que no quiero. La libertad que anhelaba no consistía en trabajar de martes a domingos, vendiendo placeres que no cuestan lo que valen, hasta la una de la mañana. No se trataba de vivir al revés que el mundo sólo para sostener el techo de mi casa, a la que solo voy para dormir y bañarme.

Nunca antes había asociado la libertad a la presión de saber que si no hago todo eso que no me gusta, no como, no duermo y no me baño. Tres cosas que antes de tenía resueltas y ahora ya no puedo volver atrás… No puedo y tampoco quiero... ¿Y qué es lo que sí quiero? ¿Ser feliz? ¿Y eso? ¿Qué es? ¿En qué consiste?
No voy a filosofar sobre qué es la felicidad, sólo intento pensar qué es lo que me haría feliz a mi, aquí y ahora...Es increíble! … ¡No lo se!
Solía querer una vida normal: quería trabajar, estudiar, tener un novio inteligente que me quiera y se preocupe por mí, luego recibirme para poder trabajar como docente en alguna universidad y quizás después de haberme realizado como persona, tener uno o dos hijos.
Una visión algo estructurada de lo que es una vida normal ¿no?
Si viviera en otra sociedad, ¿querría lo mismo? Si pudiera abstraerme ahora mismo de aquello que se debe hacer, ¿quisiera lo mismo?
¡No! Definitivamente no! Yo no quiero ser una más de esas máquinas de carne y hueso que día a día se toman el colectivo y miran el reloj nerviosos porque van a llegar tarde a su alienada vida, quién dijo que trabajar, estudiar, recibirse y tener hijos (en ese orden) estaba bien, porque deseo eso? A quién puede hacerle feliz esa vida? A mi viejos? A mis amigos? Bueno muy bien! Me alegro que ellos sepan lo que quieren, pero que sean ellos entonces los que dediquen su vida a ser normales. Yo por mi parte dediqué tanto tiempo y esfuerzo a cumplir con el mandato que olvidé, o quizás nunca me detuve a pensar en serio, en aquello que me hace feliz y hoy me doy cuenta que no se contestar a la pregunta: "¿Qué querés hacer?” "¿Quién querés ser?"