domingo, 27 de septiembre de 2009

Sueño

Esta mañana desperté en San Salvador de Jujuy y un señor de ojos tristes, con barba de algunos días y manos ajadas, me llevó hasta Purmamarca. Dijo que le quedaba de paso y que me llevaría sólo si le cebaba unos mates durante el viaje, que no era muy largo, lo dijo con un tono amigable y me sonreía paternalmente. Quizás le dieron pena las ojeras que llevo debajo de mis ojos hinchados, o mis delgadas piernas, que iban a paso lento por el peso de la gigante mochila que cargaba en mi espalda ya doblada del cansancio. En el camino, hablamos bastante, me contó sobre sus hijas, su trabajo, sus sueños y sus desventuras; yo no hablaba mucho, me limitaba a escuchar y a cebar mate, tal como me lo había pedido, temía que indagara acerca de mí y de mi paso por Jujuy, y no tenía una respuesta preparada para darle, pero lo que es seguro es que no le diría la verdad, no lo entendería, nadie lo entendería, a decir verdad, yo tampoco lo entiendo y es más, quiero desentenderme de todo lo que pueda, del pasado principalmente y de mí. De ésa persona que fui en Bs As.
Logré llegar a Purmamarca sin tener que dar demasiadas explicaciones acerca de mi estadía, me despedí del hombre, le agradecí y comencé a buscar alojamiento. En el camino me di cuenta de que no le había preguntado el nombre al tipo que alcanzó y me dio pena. Fue fácil encontrar dónde instalarme, el pueblo es chico, la gente amable y los campings muy baratos, así que clavé la carpa como pude y esto es bastante mal, el suelo es demasiado duro y estoy muy cansada, más tarde cuando sociabilice un poco pediré ayuda o un martillo.
No quiero pensarlo, pero es inevitable, no puedo creer aún que tan sólo ayer desperté en mi departamento de un ambiente, me bañé, hice mi mochila, preparé el bolso de mi bebé de seis meses y se lo llevé al padre que pretendía pasar el día con él y ahora tendrá toda la vida para hacerlo.
Yo no puedo, no sirvo, no nací para esto. No sólo es miedo lo que tuve, sino también una pulsión desenfrenada que me hacía huir y no pude pararla. Ahora estoy acá, dentro de la carpa esperando que todo pase para empezar de nuevo dejando atrás una vida que no supe vivir. No sé cuándo ni cómo llegué a construir esa historia que desde el momento en que me subí al micro se transformó en pasado. Lamento haber llegado tan lejos y no hablo de los quilómetros que recorrí para llegar hasta donde estoy ahora, donde pretendo ser feliz y comenzar de nuevo, olvidando por completo todo lo que abandoné en Bs As. Lamento que nadie pueda entenderlo, pero no estoy arrepentida, por el contrario, me siento aliviada.

miércoles, 29 de abril de 2009

Acerca de los deseos y la tendencia a llevar una vida normal

Solía ser una nena que amaba, que sentía, que deseaba, que hacía y deshacía a gusto y piacere, pedía con insistencia lo que quería hasta conseguirlo y a medida que iba creciendo dejé de pedir para alcanzar, con mis propios medios, todo lo que deseaba. El tiempo pasó y fui consiguiendo, de a poco y con esfuerzo, todo aquello que buscaba. Mi último deseo fue independencia, libertad, autonomía. Recuerdo que estaba lejos, que tenía dieciséis años cuando comencé a desear no depender más de nadie. Creía que la libertad estaba en irme a vivir sola, que allí estaba el máximo de felicidad que podía alcanzar.

Busqué trabajo, estabilidad económica y emocional, luego una garantía y finalmente un hogar, todo eso me llevó varios años y hoy puedo decir que soy libre...

¿Puedo decir que soy libre? Sí, claro que puedo! Pero… ¿soy libre realmente? ¿Libre de qué? ¿Libre de quién? Hasta dónde soy libre si no puedo elegir hacer lo que quiero y dejar de hacer lo que no quiero. La libertad que anhelaba no consistía en trabajar de martes a domingos, vendiendo placeres que no cuestan lo que valen, hasta la una de la mañana. No se trataba de vivir al revés que el mundo sólo para sostener el techo de mi casa, a la que solo voy para dormir y bañarme.

Nunca antes había asociado la libertad a la presión de saber que si no hago todo eso que no me gusta, no como, no duermo y no me baño. Tres cosas que antes de tenía resueltas y ahora ya no puedo volver atrás… No puedo y tampoco quiero... ¿Y qué es lo que sí quiero? ¿Ser feliz? ¿Y eso? ¿Qué es? ¿En qué consiste?
No voy a filosofar sobre qué es la felicidad, sólo intento pensar qué es lo que me haría feliz a mi, aquí y ahora...Es increíble! … ¡No lo se!
Solía querer una vida normal: quería trabajar, estudiar, tener un novio inteligente que me quiera y se preocupe por mí, luego recibirme para poder trabajar como docente en alguna universidad y quizás después de haberme realizado como persona, tener uno o dos hijos.
Una visión algo estructurada de lo que es una vida normal ¿no?
Si viviera en otra sociedad, ¿querría lo mismo? Si pudiera abstraerme ahora mismo de aquello que se debe hacer, ¿quisiera lo mismo?
¡No! Definitivamente no! Yo no quiero ser una más de esas máquinas de carne y hueso que día a día se toman el colectivo y miran el reloj nerviosos porque van a llegar tarde a su alienada vida, quién dijo que trabajar, estudiar, recibirse y tener hijos (en ese orden) estaba bien, porque deseo eso? A quién puede hacerle feliz esa vida? A mi viejos? A mis amigos? Bueno muy bien! Me alegro que ellos sepan lo que quieren, pero que sean ellos entonces los que dediquen su vida a ser normales. Yo por mi parte dediqué tanto tiempo y esfuerzo a cumplir con el mandato que olvidé, o quizás nunca me detuve a pensar en serio, en aquello que me hace feliz y hoy me doy cuenta que no se contestar a la pregunta: "¿Qué querés hacer?” "¿Quién querés ser?"

domingo, 1 de febrero de 2009

Corriente alterna

La siguiente es una canción que me cantaron unos rosarinos en Villa Gesell y que me pareció buenísima y por eso, quiero compartirla...

No sé por qué te fuiste ni por qué después
al poco tiempo te dio por volver
no sé por qué no sé por qué
tomaste aquella triste decisión
de abandonarme y cual fue la razón
de tu regreso y qué pasó
que al otro dia te volviste a ir
no me diste ni tiempo de decirte
preguntarte si esa vez
regresarías como la anterior
ni si te ibas en busca de amor
y si fue así supongo que
no lo encontraste y fue por eso que
volviste pero cuando te apreté y
te pregunté qué plan tenés
me contestaste muy asi nomas
con evasivas y casi te vas
pero esa vez no te dejé
porque de un brazo fuerte te agarré
pero fue inutil porque cuando me acosté
senti la puerta y eras vos
que te pelabas sin decir adiós
capaz que fue mejor para los dos
pero muy malo para mi
por eso me alegré cuando te vi
que regresabas pero no entendi
por qué enseguida me decis
que tu intención sigue siendo partir
y sin demora pasas a cumplir
tu anuncio y me dejas ahi
sin esperanza con respecto a ti
pero con la sorpresa de que asi
como te vi partir también
te vi volver y te escuché muy bien
decir que nunca me ibas a dejar
para después saber faltar
a tu palabra porque sin piedad
te fuiste a algun rincón de la ciudad
que al parecer no te gustó
porque si no no entiendo qué te dio
por dar la vuelta y pedirme perdón
pero enseguida, ¡maldición!
me abandonaste y desde aquella vez
te fuiste y regresaste mas de diez
o veinte veces es que ya
perdi la cuenta y la velocidad
de tu continuo ir y venir se va
volviendo cada vez mayor
ni bien te fuiste por el ascensor
la puerta se abre y estas otra vez
ahi no sé si es que volvés
ya es imposible adivinar qué hacés
si te estas yendo o a la misma vez
estas viniendo ya no estas
aca ni alla como venis te vas
tu cara ya no se distingue mas
apenas en el corredor
se ve una larga franja del color
de tu vestido sos como un ciclón
un huracan sin dirección
un haz de luz cada vez mas veloz
ya nadie puede verte ya no sos
mas que una tenue sensación un sutil,
fugaz coloración en las baldosas de ese corredor
y la portera ya subió
trayendo el balde con el secador
le digo doña deje por favor
y me contesta no señor
el corredor lo tengo que limpiar
y yo le explico que te va a borrar
si pasa el trapo por ahi
pero ella cree que me enloquecí
no sabe nada de lo que yo vi
y un golpe de agua con jabón
te lleva entera junto a la ilusión
de averiguar un dia en qué vagón
viaja el secreto de tu corazón.
Leo Masliah

lunes, 27 de octubre de 2008

El fantasma

Me siento en tercera fila y espero que empiece la función, delante mio no hay nadie, tengo la vista perfectamente despejada para mirarlo.
Comienza la función y el español se pone a hablar, luego el colega de X y finalmente X.
Es en ese momento cuando los pensamientos me invaden y no puedo contener el impulso de escribir.
A mi lado se sentó Ella, no pude dejar de mirarla, le saqué una radiografía, le miré desde sus largas uñas hasta el taco de los zapatos: No tiene tetas, no tiene culo y es petiza. Carga una nariz importante, unos dientes a medio podrirse, un pelo de color rojo teñido con mechas rubias y veinte años más que yo...¿Qué tiene ella que no tenga yo? Lo más importante: experiencia, madurez, sabiduría, inteligencia y principalmente a X.
No debería haber ido, era "logico" que ella esté ahí, deberia haberme dado cuenta de que iba a estar ahí, pero aún así nunca la imaginé sentada al lado mio; X la había omitido tanto que yo a veces olvido que existe y cuando menos lo pienso ahí está, sentada al lado mio, limándose las uñas, mientras X expone su discurso tratando de deslumbrar al público, tratando de deslumbrarla a ella.

martes, 16 de septiembre de 2008

El GESTO

El sol no había salido, los árboles no crecían, sus plantas empezaban a marchitarse y sus ojos se negaban a abrirse.
¿Para qué? - Se pregunta negándose a despertar. Para qué despertar cuando no hay nada que uno quiera mirar.
No quiere levantarse, no quiere comer, hoy no va a trabajar y no parece haber nada que pueda levantarla.
Da vueltas en su cama de una punta a la otra, abraza a la almohada como queriendo que le devuelvan su abrazo; la reciprocidad no se hace presente y la arroja con furia en dirección a la puerta de su cuarto.
No puede dormir. De todas formas no se va a levantar. Sin querer se sumerge en el ruido del silencio que va colmando la totalidad de su cuarto y más tarde de su departamento.
El ruido es espantoso, no lo soporta, pero tampoco va a levantarse para apartarse de esas voces, pensamientos e ideas que provienen del rotundo silencio.


Suena el teléfono. El temor la invade, no sabe si atender, podría ser del trabajo, podría ser su madre o una amiga, podría ser cualquiera.
El teléfono sigue sonando, el sonido empieza a apurarla cuando se decide a atender. Es curiosa.
Con la idea de acallar el maldito silencio que no la deja en paz, levanta el teléfono abruptamente y escupe un saludo seco y malhumorado. Del otro lado se escucha una voz impostada, de galán, pero algo zetoza: Nena! Diego te habla! ¿Cómo estás?
No puede creerlo, no puede creer lo haya saludado así, no entiende qué hace llamándola. Diego nunca la llama sin que ella se lo pida.
El desconcierto le juega un poco en contra a y no puede evitar demostrarlo: -¿Qué pasa?- Dice “Nena” sin pensar y se lamenta por la contestación fría y asquerosa que tuvo. Es posible que Diego crea que le molesta su llamado, cuando en realidad ésa es la actitud que estaba deseando.
Por suerte el no dubita nunca, nunca le tiembla la voz, o al menos así se muestra siempre: seguro y calculador. Es posible que sea un hombre muy soberbio y de ser así, funcionará como un imán para ella.
D: Quiero verte. -Dice sin abandonar su postura galantesca.
N: Bueno, yo también ¿A qué hora? -Es en estos momentos cuando ella no duda ni por un segundo, es impulsiva, no puede evitarlo…no quiere evitarlo.
D: Vos estás trabajando, ¿no? ¿A qué hora salís?
N: A las cuatro estoy en casa. –No va a decirle que no fue a trabajar.
D: A las seis estoy allá.
N: ¿Me extrañas?
D: Si, tengo muchas ganas de verte en tu casita nueva!
N: Bueno, yo también, te espero. -La puta madre! El tipo quiere coger y yo soy un desastre.-Piensa en voz alta después de cortar.

Llegó seis menos diez. Le abrió la puerta de abajo a través del portero eléctrico y lo esperó arriba.
Toca la puerta y al abrir, ella se encuentra con una especie de Don Diego de la Vega: bello, seductor, inteligente, caballero y con una cuota de ternura que esta vez se vestía de medialunas de grasa y facturas con dulce de leche.
Resulta absurdo que un paquete de facturas reposando en las palmas de las manos de aquel hombre provoque ternura, pero así era. Era una simple invitación a merendar, no había ido a coger, no tenía tiempo, sólo fue porque tenía ganas de verla.
Ella estaba preparadísima para una tarde apasionada, se había depilado de pies a cabeza, se había comprado un conjunto de ropa interior, y él fue para tomar unos mates con facturas!!!
Neutral

domingo, 14 de septiembre de 2008

Libre

Me ausenté una vez, dos, seis y quince.
Las cosas no cambiaban demasiado, el curso de nuestra historia siempre era el mismo. Mis silencios se repetían, a esta altura ya no busco nada, no hay estrategia. Hace tiempo que mis silencios se han transformado en una rutina enferma donde ella especula y yo simplemente lo dejo fluir...

Con el ausente número dieciséis me quedé libre, las faltas no estaban justificadas y la reincorporación no se hacía presente. Sabía que esto iba a pasar, pero no lo buscaba, no quería que termine, no ahora, no de esta forma.

Nos vimos el primero de septiembre, era lunes.
Me fui de su casa con una rara sensación, esta vez teníamos tiempo para estar juntos, pero me fui temprano, el reloj no me corría, podría haberme quedado más tiempo, pero no quise. Creo que no la pasé bien, ella estaba rara, algo le pasaba, no sabía qué era, no pregunté.
Esa misma noche me preguntó si la había pasado bien, respondí el primer mensaje, le dije que si, que la había pasado muy bien. No me creyó. Ella nunca me cree y yo no lo percibo. A veces creo que es ingenua y un poco boluda, así la trato sin querer y no puedo ver que en realidad el boludo acá soy yo.
Volvió a escribirme con la explicación de lo que le había pasado esa tarde, yo me hice el interesado pero ella volvió a escribirme y ya no contesté. No volvió a escribir.

El martes no tuve noticias suyas, el ciclo de ausencias y silencios comenzaba una vez más, o eso creí hasta el miércoles que me escribió preguntándome alguna tontería, le contesté y ella escribió una vez más. Di por terminada la conversación con un silencio y lo entendió, no recibí más mensajes hasta el viernes, parece que su máximo de tolerancia últimamente es de dos días, pero esta vez no respondo, estoy cansado. Ahora sí, una vez más comienza el círculo vicioso.

Todo transcurrió de acuerdo a lo esperado, yo no recibí noticias de ella y respiré tranquilo mientras ella empezó a desmoronarse. El proceso mental de paranoia, confusión, optimismo, pesimismo y angustia se repite otra vez en ella.

Ocho días pasaron desde la última vez que me escribió.
El sábado trece de septiembre, algo pasó. No se bien qué fue. Ella estaba estudiando, o al menos eso intentaba, yo estaba de viaje, no estaba en Buenos Aires, pensaba en escribirle un mensaje, pero no en ese momento, quizás al día siguiente o el lunes, tampoco es que me moría de ganas de escribirle.
Ella leía a Descartes, lo leía pero no lo entendía, no le prestaba atención, estaba dispersa, algo le inquietaba, pensaba en mi, estoy seguro, no se qué pensaba pero estoy seguro de que no podía sacarme de su cabeza.
Agarra el celular. No tiene mensajes. Da vueltas, piensa, lee el libro, lee el celular, borra todos los mensajes míos que tenía en su celular, incluso aquellos viejos en los que le decía que la quería y se dispone a escribirme...

El sábado 13 de septiembre a las 15:05 recibí un mensaje: "Me enamoré de vos y hasta acá llegué, hasta acá llegamos, esto se corta acá"
Después de mandarme el mensaje se fue a bañar, salió del baño y se dirigió hacia el celular, yo no había respondido y mi silencio provocaba en ella la agonía que deja la incertidumbre.
Ése fue mi último ausente. Me quedé libre.
Neutral

sábado, 13 de septiembre de 2008

Ausente

Cuando me extraña escribe.
Mis silencios la conducen a pensar, mis constantes ausencias la llevan a la nostalgia, a la reflexión y en algunos casos le robo algunas lágrimas. No lo hago apropósito, no soy mal tipo, no quiero serlo con ella, de hecho ni siquiera sé que la hago llorar.
Hoy me escribió un mensaje y no le respondí, no puedo decir por qué, ella tampoco me lo pregunta, pero vuelve a escribirme como si nada pasara y yo sigo sin responderle. En este momento está pensando que no va a volver a escribirme ni hablarme hasta que yo me acerque a ella, pero no sé cuando va a pasar eso, no se cuando voy a tener ganas de verla, aún es muy pronto para tener ganas de estar con ella, la vi el lunes y de acá a un mes no creo que se me despierte el deseo por ella, además tengo mucho que hacer como para pensar en estas cosas.

Pasó el sábado sin problemas, sin remordimientos, pensando mucho en mi, en "lo nuestro", en "esto" que se ha generado, pero no me extrañó ni un poco, o al menos eso creo, eso cree ella también.

Llegó el domingo y sigue con el pensamiento fijo de no escribirme: No lo hace; pero se muere de ganas de decirme algo y es ahí cuando enciende la computadora, abre el Word y vomita allí todo eso que se le está revolviendo por dentro.

El lunes parece que todo es más fácil, tiene que trabajar así que se va a poder olvidar de mi por lo menos hasta que salga. Se hacen las cuatro de la tarde, sale de su trabajo y vuelvo a entrar en su mente, me extraña, me extraña mucho. Agarra el celular, lo mira, lo deja, lo vuelve a mirar y comienza a borrar mensajes, no vaya a ser que la casilla de mensajes se le llene y no le entren mis mensajes de texto. Las horas pasan y nada...Sigue sin noticias mías. Se va a acostar temprano para no cometer la estupidez de escribirme y se duerme pensando: "No pienso escribirte"

Aparecieron los fantasmas el día martes: Las fantasías de que encontré una amante mejor que ella no la dejan en paz, hoy está convencida de que estoy con otra mina más joven, con más tetas, mejor culo, ojos claros quizás, o lo que es peor: más inteligente. Se cree que lo único que tengo en la cabeza es sexo. Reconozco que yo tampoco hago mucho para que piense otra cosa, pero no puedo hacer ni decir nada, este tema ya lo hablamos y yo le dije que esto no pasaba, pero no me cree, no me cree nada desde que descubrió una mentirita mía, una boludés, pero nunca dije la verdad y eso hace que no confíe en mí, aunque hace un gran esfuerzo por creer lo que le conviene.

Lo que no puedo creer yo es que estamos a miércoles y siga sin escribirme. La cosa empieza a ponerse inquietante, ella dejó la fantasía de ayer y hoy se lamenta pensando que tengo matrimonio maravilloso y que no la necesito más. Cada vez que me imagina con otra persona, mujer o amante, siente que alguien le retuerce el hígado. Mientras tanto: yo disfruto, imaginando que tal vez ahora ella, está con contenta con otro tipo.
Está angustiada, sabe que existe la posibilidad de que yo tenga un matrimonio maravilloso, además se enteró hace poco de que compramos una casa y cree que cuando estoy con ella es porque yo no estoy bien y su compañía es una especie de refugio para mi.
- "Bueno, si él está bien y no me necesita más y es por eso que no quiere saber nada más de mi, puedo aceptarlo"- Se dijo la noche del miércoles mientras mi ausencia comenzaba a robarle ésas pocas lágrimas...¿Por qué se hace tanto problema? después de todo, yo tengo derecho a desaparecer, no tengo por qué darle explicaciones!

La culpa llegó el jueves: Ahora se tortura un poquito con la idea de que porque me trató de mentiroso no quiero verla más. Y claro!!...Si busco huir de algo cuando estoy con ella y ella me atosiga y encima se pone arisca, seguramente que no voy a querer verla.
La verdad es que a esta altura ni ella se soporta. Es lógico que tampoco la soporte yo.

El viernes se conectó para ver si me encontraba en el MSN, me extraña, me necesita, está pasando por un momento difícil, quisiera que yo la escuche al menos y no va a escribirme pero encontrarme en el Messenger no tiene el mismo peso que escribirme un mensajito. De todas formas yo estoy muy ocupado y ni me conecté.

El día sábado fue un día de superación: Se levantó con el optimismo de su lado: Ya está. ya fue, es mejor así esto iba a terminar como el culo, no quiero verlo más, no me interesa.

Pasan los días, las semanas y cuando empieza a hacer su vida se me ocurre escribirle, ella estalla de alegría, se hace la difícil pero al día siguiente me contesta algo cortante, yo no doy bola, hago como si nada pasara, si insiste en esa postura no le hablo más. Se da cuenta de lo que pienso, se da cuenta de que no me voy a dar por aludido con sus desplantes y afloja. Gané otra vez!
Quedamos en vernos, ella vino con la idea de escupirme todo en la cara, pero tiene sólo dos horas para verme, hace un mes que no me besa y en definitiva lo que buscaba, un fuerte abrazo, ahora lo tiene. Una vez más no me dijo nada, no quiso, no tenía ganas...En otro momento me lo dirá...Por el momento disfrutamos juntos de besos, mimos, etc...
Me voy y ella está enamorada, estúpida y feliz, quisiera atarme y no dejarme escapar más, ella quiere más tiempo para estar conmigo, para mí fue suficiente.

Al día siguiente recibo un mensaje y no contesto, me vuelve a escribir y sigo sin responder...

Neutral