martes, 16 de septiembre de 2008

El GESTO

El sol no había salido, los árboles no crecían, sus plantas empezaban a marchitarse y sus ojos se negaban a abrirse.
¿Para qué? - Se pregunta negándose a despertar. Para qué despertar cuando no hay nada que uno quiera mirar.
No quiere levantarse, no quiere comer, hoy no va a trabajar y no parece haber nada que pueda levantarla.
Da vueltas en su cama de una punta a la otra, abraza a la almohada como queriendo que le devuelvan su abrazo; la reciprocidad no se hace presente y la arroja con furia en dirección a la puerta de su cuarto.
No puede dormir. De todas formas no se va a levantar. Sin querer se sumerge en el ruido del silencio que va colmando la totalidad de su cuarto y más tarde de su departamento.
El ruido es espantoso, no lo soporta, pero tampoco va a levantarse para apartarse de esas voces, pensamientos e ideas que provienen del rotundo silencio.


Suena el teléfono. El temor la invade, no sabe si atender, podría ser del trabajo, podría ser su madre o una amiga, podría ser cualquiera.
El teléfono sigue sonando, el sonido empieza a apurarla cuando se decide a atender. Es curiosa.
Con la idea de acallar el maldito silencio que no la deja en paz, levanta el teléfono abruptamente y escupe un saludo seco y malhumorado. Del otro lado se escucha una voz impostada, de galán, pero algo zetoza: Nena! Diego te habla! ¿Cómo estás?
No puede creerlo, no puede creer lo haya saludado así, no entiende qué hace llamándola. Diego nunca la llama sin que ella se lo pida.
El desconcierto le juega un poco en contra a y no puede evitar demostrarlo: -¿Qué pasa?- Dice “Nena” sin pensar y se lamenta por la contestación fría y asquerosa que tuvo. Es posible que Diego crea que le molesta su llamado, cuando en realidad ésa es la actitud que estaba deseando.
Por suerte el no dubita nunca, nunca le tiembla la voz, o al menos así se muestra siempre: seguro y calculador. Es posible que sea un hombre muy soberbio y de ser así, funcionará como un imán para ella.
D: Quiero verte. -Dice sin abandonar su postura galantesca.
N: Bueno, yo también ¿A qué hora? -Es en estos momentos cuando ella no duda ni por un segundo, es impulsiva, no puede evitarlo…no quiere evitarlo.
D: Vos estás trabajando, ¿no? ¿A qué hora salís?
N: A las cuatro estoy en casa. –No va a decirle que no fue a trabajar.
D: A las seis estoy allá.
N: ¿Me extrañas?
D: Si, tengo muchas ganas de verte en tu casita nueva!
N: Bueno, yo también, te espero. -La puta madre! El tipo quiere coger y yo soy un desastre.-Piensa en voz alta después de cortar.

Llegó seis menos diez. Le abrió la puerta de abajo a través del portero eléctrico y lo esperó arriba.
Toca la puerta y al abrir, ella se encuentra con una especie de Don Diego de la Vega: bello, seductor, inteligente, caballero y con una cuota de ternura que esta vez se vestía de medialunas de grasa y facturas con dulce de leche.
Resulta absurdo que un paquete de facturas reposando en las palmas de las manos de aquel hombre provoque ternura, pero así era. Era una simple invitación a merendar, no había ido a coger, no tenía tiempo, sólo fue porque tenía ganas de verla.
Ella estaba preparadísima para una tarde apasionada, se había depilado de pies a cabeza, se había comprado un conjunto de ropa interior, y él fue para tomar unos mates con facturas!!!
Neutral

domingo, 14 de septiembre de 2008

Libre

Me ausenté una vez, dos, seis y quince.
Las cosas no cambiaban demasiado, el curso de nuestra historia siempre era el mismo. Mis silencios se repetían, a esta altura ya no busco nada, no hay estrategia. Hace tiempo que mis silencios se han transformado en una rutina enferma donde ella especula y yo simplemente lo dejo fluir...

Con el ausente número dieciséis me quedé libre, las faltas no estaban justificadas y la reincorporación no se hacía presente. Sabía que esto iba a pasar, pero no lo buscaba, no quería que termine, no ahora, no de esta forma.

Nos vimos el primero de septiembre, era lunes.
Me fui de su casa con una rara sensación, esta vez teníamos tiempo para estar juntos, pero me fui temprano, el reloj no me corría, podría haberme quedado más tiempo, pero no quise. Creo que no la pasé bien, ella estaba rara, algo le pasaba, no sabía qué era, no pregunté.
Esa misma noche me preguntó si la había pasado bien, respondí el primer mensaje, le dije que si, que la había pasado muy bien. No me creyó. Ella nunca me cree y yo no lo percibo. A veces creo que es ingenua y un poco boluda, así la trato sin querer y no puedo ver que en realidad el boludo acá soy yo.
Volvió a escribirme con la explicación de lo que le había pasado esa tarde, yo me hice el interesado pero ella volvió a escribirme y ya no contesté. No volvió a escribir.

El martes no tuve noticias suyas, el ciclo de ausencias y silencios comenzaba una vez más, o eso creí hasta el miércoles que me escribió preguntándome alguna tontería, le contesté y ella escribió una vez más. Di por terminada la conversación con un silencio y lo entendió, no recibí más mensajes hasta el viernes, parece que su máximo de tolerancia últimamente es de dos días, pero esta vez no respondo, estoy cansado. Ahora sí, una vez más comienza el círculo vicioso.

Todo transcurrió de acuerdo a lo esperado, yo no recibí noticias de ella y respiré tranquilo mientras ella empezó a desmoronarse. El proceso mental de paranoia, confusión, optimismo, pesimismo y angustia se repite otra vez en ella.

Ocho días pasaron desde la última vez que me escribió.
El sábado trece de septiembre, algo pasó. No se bien qué fue. Ella estaba estudiando, o al menos eso intentaba, yo estaba de viaje, no estaba en Buenos Aires, pensaba en escribirle un mensaje, pero no en ese momento, quizás al día siguiente o el lunes, tampoco es que me moría de ganas de escribirle.
Ella leía a Descartes, lo leía pero no lo entendía, no le prestaba atención, estaba dispersa, algo le inquietaba, pensaba en mi, estoy seguro, no se qué pensaba pero estoy seguro de que no podía sacarme de su cabeza.
Agarra el celular. No tiene mensajes. Da vueltas, piensa, lee el libro, lee el celular, borra todos los mensajes míos que tenía en su celular, incluso aquellos viejos en los que le decía que la quería y se dispone a escribirme...

El sábado 13 de septiembre a las 15:05 recibí un mensaje: "Me enamoré de vos y hasta acá llegué, hasta acá llegamos, esto se corta acá"
Después de mandarme el mensaje se fue a bañar, salió del baño y se dirigió hacia el celular, yo no había respondido y mi silencio provocaba en ella la agonía que deja la incertidumbre.
Ése fue mi último ausente. Me quedé libre.
Neutral

sábado, 13 de septiembre de 2008

Ausente

Cuando me extraña escribe.
Mis silencios la conducen a pensar, mis constantes ausencias la llevan a la nostalgia, a la reflexión y en algunos casos le robo algunas lágrimas. No lo hago apropósito, no soy mal tipo, no quiero serlo con ella, de hecho ni siquiera sé que la hago llorar.
Hoy me escribió un mensaje y no le respondí, no puedo decir por qué, ella tampoco me lo pregunta, pero vuelve a escribirme como si nada pasara y yo sigo sin responderle. En este momento está pensando que no va a volver a escribirme ni hablarme hasta que yo me acerque a ella, pero no sé cuando va a pasar eso, no se cuando voy a tener ganas de verla, aún es muy pronto para tener ganas de estar con ella, la vi el lunes y de acá a un mes no creo que se me despierte el deseo por ella, además tengo mucho que hacer como para pensar en estas cosas.

Pasó el sábado sin problemas, sin remordimientos, pensando mucho en mi, en "lo nuestro", en "esto" que se ha generado, pero no me extrañó ni un poco, o al menos eso creo, eso cree ella también.

Llegó el domingo y sigue con el pensamiento fijo de no escribirme: No lo hace; pero se muere de ganas de decirme algo y es ahí cuando enciende la computadora, abre el Word y vomita allí todo eso que se le está revolviendo por dentro.

El lunes parece que todo es más fácil, tiene que trabajar así que se va a poder olvidar de mi por lo menos hasta que salga. Se hacen las cuatro de la tarde, sale de su trabajo y vuelvo a entrar en su mente, me extraña, me extraña mucho. Agarra el celular, lo mira, lo deja, lo vuelve a mirar y comienza a borrar mensajes, no vaya a ser que la casilla de mensajes se le llene y no le entren mis mensajes de texto. Las horas pasan y nada...Sigue sin noticias mías. Se va a acostar temprano para no cometer la estupidez de escribirme y se duerme pensando: "No pienso escribirte"

Aparecieron los fantasmas el día martes: Las fantasías de que encontré una amante mejor que ella no la dejan en paz, hoy está convencida de que estoy con otra mina más joven, con más tetas, mejor culo, ojos claros quizás, o lo que es peor: más inteligente. Se cree que lo único que tengo en la cabeza es sexo. Reconozco que yo tampoco hago mucho para que piense otra cosa, pero no puedo hacer ni decir nada, este tema ya lo hablamos y yo le dije que esto no pasaba, pero no me cree, no me cree nada desde que descubrió una mentirita mía, una boludés, pero nunca dije la verdad y eso hace que no confíe en mí, aunque hace un gran esfuerzo por creer lo que le conviene.

Lo que no puedo creer yo es que estamos a miércoles y siga sin escribirme. La cosa empieza a ponerse inquietante, ella dejó la fantasía de ayer y hoy se lamenta pensando que tengo matrimonio maravilloso y que no la necesito más. Cada vez que me imagina con otra persona, mujer o amante, siente que alguien le retuerce el hígado. Mientras tanto: yo disfruto, imaginando que tal vez ahora ella, está con contenta con otro tipo.
Está angustiada, sabe que existe la posibilidad de que yo tenga un matrimonio maravilloso, además se enteró hace poco de que compramos una casa y cree que cuando estoy con ella es porque yo no estoy bien y su compañía es una especie de refugio para mi.
- "Bueno, si él está bien y no me necesita más y es por eso que no quiere saber nada más de mi, puedo aceptarlo"- Se dijo la noche del miércoles mientras mi ausencia comenzaba a robarle ésas pocas lágrimas...¿Por qué se hace tanto problema? después de todo, yo tengo derecho a desaparecer, no tengo por qué darle explicaciones!

La culpa llegó el jueves: Ahora se tortura un poquito con la idea de que porque me trató de mentiroso no quiero verla más. Y claro!!...Si busco huir de algo cuando estoy con ella y ella me atosiga y encima se pone arisca, seguramente que no voy a querer verla.
La verdad es que a esta altura ni ella se soporta. Es lógico que tampoco la soporte yo.

El viernes se conectó para ver si me encontraba en el MSN, me extraña, me necesita, está pasando por un momento difícil, quisiera que yo la escuche al menos y no va a escribirme pero encontrarme en el Messenger no tiene el mismo peso que escribirme un mensajito. De todas formas yo estoy muy ocupado y ni me conecté.

El día sábado fue un día de superación: Se levantó con el optimismo de su lado: Ya está. ya fue, es mejor así esto iba a terminar como el culo, no quiero verlo más, no me interesa.

Pasan los días, las semanas y cuando empieza a hacer su vida se me ocurre escribirle, ella estalla de alegría, se hace la difícil pero al día siguiente me contesta algo cortante, yo no doy bola, hago como si nada pasara, si insiste en esa postura no le hablo más. Se da cuenta de lo que pienso, se da cuenta de que no me voy a dar por aludido con sus desplantes y afloja. Gané otra vez!
Quedamos en vernos, ella vino con la idea de escupirme todo en la cara, pero tiene sólo dos horas para verme, hace un mes que no me besa y en definitiva lo que buscaba, un fuerte abrazo, ahora lo tiene. Una vez más no me dijo nada, no quiso, no tenía ganas...En otro momento me lo dirá...Por el momento disfrutamos juntos de besos, mimos, etc...
Me voy y ella está enamorada, estúpida y feliz, quisiera atarme y no dejarme escapar más, ella quiere más tiempo para estar conmigo, para mí fue suficiente.

Al día siguiente recibo un mensaje y no contesto, me vuelve a escribir y sigo sin responder...

Neutral

viernes, 5 de septiembre de 2008

¿Aquí o allá?

Un cerco de troncos irregulares acompañados de distintos árboles, algunos más fuertes y jóvenes, con sus copas radiantes de un verde intenso; otros más viejos, con el tronco verde y la copa amarillenta, todos están contrastados por un parejo color celeste cuya perfección es interrumpida de vez en cuando por unas manchas blancas que me recuerdan el algodón de azúcar que solia pedir a gritos en mi infancia. Ellas, las manchas, se mueven, el fondo celeste permanece inmóvil y durante algunos instantes me detengo a buscar figuras en aquella blancura...nada aparece, el intento se empieza a poner cada vez más dificultoso pués el redondo fuego casi no me deja abrir los ojos.
La vista rendida desciende y se posa sobre un verde alborotado que al llegar a los bordes se vuelve marrón. Sobre él crecen radiantes y altos tallos, cuyas altitudes culminan con enormes flores que adornan esta naturaleza con su gama de violetas.
Aquí sobre vuela un aire cálido ahora, pero en un par de horas el frío intentará abrazarme y tendré que atrincherarme.
Este espacio es maravilloso, paradisíaco y muy bello...
Hace horas que estoy aquí sentada, hoy el frío no se me ha acercado, hoy no intentó abrazarme, no lo extraño, pero lo prefiero si tengo que elegir entre su abrazo y el de la incertidumbre que ahora me visita: Será este un lugar para mi? Será la naturaleza una buena companía?
Soy un bicho urbano, no puedo negarlo, pero quizás pueda acostumbarme a este lugar, aquí es todo muy lindo, hay mucha paz, mucho silenlencio...
Escucho ahora, en mis recuerdos, los ruidos de los autos, de los camiones, colectivos, trenes y subtes, escucho vocinas, voces fuertes y hasta a veces gritos, también escucho el recuedo de las guitarras de mis amigos...
Qué mierda es la libertad!? Este lugar lejos de todo, donde me encuentro sola? Soledad y libertad son lo mismo? Lo dudo.
No puedo negarlo: Este lugar es hermoso y tranquilo, es muy parecido al paraíso que alguna vez imaginé cuando me hablaron de Adán y Eva, pero yo no soy ni Adán ni Eva, ni siquiera confío en ellos, realmente no sé qué es lo que deseo, sólo se que no soy de aquí y no se si soy de allá... No se dónde quiero estar.
Neutral